viernes, 27 de noviembre de 2009

Corazón de piedra

Juan Salvador Gaviola había nacido para ser asistente social. Hombre bueno por antonomasia, buscaba hacer el bien casi obsesivamente. Por ello que una noche cualquiera acercase con su auto a un mochilero a un arcaico poblado, sin que le importara en lo más mínimo apartarse de su destino varios kilómetros, no debe extrañar a nadie.

Una vez depositado el viajero frente al domicilio pedido, y notando lo extremo de la hora, decidió pernoctar en la aldea. Así, giró con su coche a la polvorosa avenida principal, hasta toparse con otra tan rústica y desprolija como la anterior. Arrimó su vehículo a una decaída palmera, y procedió a buscar alojamiento.

No le costó mucho dar con una casita bien encalada, muy pulcra cuya dueña eventualmente daba hospedaje. Dejó allí sus cosas para dar una vuelta, pues el sueño de súbito lo había abandonado.

Caminaba alumbrado apenas por la precaria luminaria pública cuando las amarillas luces de un bar llamaron su atención. Entró. No había nadie allí a excepción de un cantinero muy gordo que dormitaba en su puesto tras el mesón con la barbilla apoyada en el pecho, y un joven cetrino rodeado de cervezas quien echado sobre la mesa y con la greñuda cabeza posada en un antebrazo, parecía llorar sin consuelo.

-Muchacho, nada hay que pueda ser tan grave-le dijo bondadoso Gaviola.

El adolescente levantó apenas la cara.

-¿Y quién diablos es usted?- le espetó con firmeza.

El asistente no se amilanó:

-Depende, tal vez un amigo…-le señaló sentándosele al frente.

El chico volvió a esconder los ojos en el antebrazo y a llorar, hipando y maldiciendo por varios minutos.

-Verá-dijo después algo recuperado- mi problema es como el de Romeo y Julieta. Yo amo a Berenice, pero su padre me odia con todo su alma, impidiendo que la vea.

-Pero, ¿por qué te odia tanto?

-Porque soy pobre, ¿por qué va a ser?… Porque soy pobre.

Y de nuevo prorrumpió en un llanto aún más espasmódico y dramático que el anterior. Sólo se calmó para seguir quejándose:

-Ha intentado hasta matarme con su escopeta. “¡Delincuente!”, me grita en la calle, imagínese. Y todo porque yo amo a su hija con locura. Todos los días le escribo cartitas…

Gaviola infló los carrillos en una sonrisa llena de beatitud y ternura.

-Mira, yo podría interceder. Me quedo un día más en el pueblo y converso con el caballero, ¿te parece?

El chico levantó otra vez del antebrazo los ojos, pero estos eran distintos: llenos de luces como si fueran adornos de un árbol de pascua. Juan Sebastián sólo vio venírsele encima una maraña de pelos y babas.

-¿Y dónde vive el papá de Berenice?- preguntó luchando por desasirse.

-En una casona de la esquina que tiene todos los vidrios rotos-señaló, jadeante, el enamorado.

Entonces, entre los hirsutos cabellos del chico, Gaviola vio la mesa y, en su superficie, halló una carta atada a un enorme piedra.

martes, 24 de noviembre de 2009

El seguidor

Y entonces mientras los grandes edificios aún humeaban tras la Gran Explosión, cuando los escasos sobrevivientes deambulaban todavía con la mirada convulsa y extraviada, en instantes en que las ratas disputaban con el hombre cualquier indicio de alimento, hizo su aparición Emix, que así se hacía llamar el Nuevo Salvador, aquel que debìa continuar la senda de El Mesías.
Emix era rubio y enjuto como una espiga, vestía con unos deslavados jeans hilachentos, un sucio polerón con la imagen grabada en el pecho de Kurt Cobain, y renqueaba un poco.
Aparecía por la avenida principal de las ciudades y, sobre montañitas de escombros, se detenía para darse a la tarea de predicarles a los viandantes sobre El Reino de Dios. Hablaba elocuentemente dibujando bellísimas imágenes con cada frase y, luego, procedía a convertir piedras en grandes ollas rebosantes en vitualla, a restablecer casas con un solo guiño de ojos, a revivir moribundos descubriendo milagrosamente dónde se hallaban sepultados con tan solo apuntar con su índice famélico…
Después, desaparecía por donde había venido.
Una tarde Emix notó como un muchacho desnutrido y haraposo le seguía a distancia por un descampado. El Ungido se detuvo y, sonriendo, advirtió, mirándolo por el rabillo de un ojo, como el chico se precipitaba ágil en una zanja. Pronto recuperó su paso habitual.
En la urbe favorecida Emix hizo lo de costumbre: Ensalzar la obra de Dios-padre, advertir a los timoratos y réprobos y realizar milagros tales como hacer hablar mudos de nacimiento, extraer demonios de hombres que gruñían furiosos y daban zarpazos de fieras salvajes y, como final, optó por elevarse varios metros sobre la cabeza de los asombrados presentes.
Toda la jornada aquella notó como en primera fila el muchacho le observaba embobado.
Más tarde, al desandar sus pasos, Emix volvió a advertir el sigiloso seguimiento del niño. Esta vez no se contuvo, diose la vuelta y lo llamó con palabras cariñosas, gentiles. No demoró mucho en tenerlo enfrente.
Sin más, le preguntó:
­-Hijo, ¿quieres ser mi discípulo?
El mozalbete lo miró a la sazón ladeando la cabeza, entrecerrando los ojos mientras empezaba a masticar algo indefinible.
-No-le respondió- prefiero ser tu representante.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Misión Cumplida

Ese domingo, como hace tiempo no hacía, papá se levantó con ánimo y, después del desayuno, nos asignó las tareas: "Tú Mario (yo) vas a desmalezar el jardín; el Ángelo y el Tomy van a limpiar los vidrios mientras, su capitán, encerará pieza por pieza".Al acabar la faena papá revisó todo y se anduvo sonriendo un poco cuando dijo: "Ahora ya no parece casa abandonada". Luego de almorzar, entre todos nos pusimos a jugar a la pelota, y papá era el que más corría y le ponía empeño. De hecho, en una jugada ,agarró de lleno el balón plástico, y lo mandó a enredarse entre las ramas más altas de un frondoso ciruelo.Ahí nos entró la risa hasta que el Tomy dijo: "Parece otro nido". Entonces papá como que se atoró con algo y después bajó los ojos y volvió lentamente a encerrarse a su dormitorio.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Colador

Soy porfíao Guerguero, no es llegar y armar una banda. Tenís que ser avispao y elegir guenos elementos, cabros con cachativa y no de los que hay ahora que son puro cuchillo y arranque. Recuerda que tu paire era internacional y pa’ eso hay que tener cereuro… Por eso, como tu maire te lo digo, selecciona bien a tus soldaos. No vaya a pasarte lo que le pasó al Juanano que mandó al primer asopao que se halló a asaltar una bencinera y al rato nomás llegó de vuelta el barbeta con los cachetes bien inflados. El Juanano dice que el gil tomó una botella de bebía vacía y ahí escupió lo que llevaba en el hocico. “Noventi siete octanos”, dice que le soltó el jetón, y remató, inflando el pecho:”Primiun”.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Ordenando la barrera

¡Dije cinco! ¡Cinco, huevones!... ¡Putas, ahora ponen a dos!¡Está bien que no tengan estudios, cabros, pero disimulen un poco!... ¡Ya,ya... con dos! Aunque, ¿no había algo mejorcito que un gil que tiene menos cuerpo que zancudo con anorexia y el hermano chico de Pablo Mármol? ¡Siquiera pongan al Tolosa que es chico, pero que al menos tiene un cuerno de como tres metros! ¿O no, Zamora?... ¡O al Darío que es feo como aborto de murciélago pa' que los asuste! ¡O al Anibal pa´que los deconcentre; si ese tiene mas tics que taxista con hemorroides!¡O al...!¿Qué?¿Qué hacen, boludos?...¿Se corrieron...?¿No van a colocar a nadie, tarados? Chuchas, ¿qué les pasa?¿Quieren que me fusilen?¿Ah, eso quieren?...¿Qué me fusilen?

domingo, 11 de octubre de 2009

La continuidad de los Márquez

Era cosa de locos. Apenas abría la puerta del departamento, luego del fatigoso trabajo, estaba Edwina esperándome con las manos en la cintura. Y comenzaba a seguirme cuarto por cuarto mientras me atizaba: “Eres un desconsiderado Lisandro Márquez, mira cómo me tienes: vistiendo pilchas inmundas, viviendo en una pocilga indigna hasta para una rata de alcantarilla. Si al menos me sacaras alguna vez a pasear…”. No les miento que en una ocasión me había escondido en el baño cuando sentí que aflojaban la ventana con un desatornillador. Era mi bendita esposa, claro, subida en una silla para reclamarme que hasta nuestros picantes vecinos Astudillo tenían mejor papel sanitario. Un día no pude más y la abandoné. Cuando llevaba un par de de meses en mi clandestina pieza de separado, se me ocurrió comprar una película porno pirata. Cual no sería mi sorpresa cuando encendí el DVD. Ahí estaba Edwina, en primer plano, desnuda y quejándose.

lunes, 31 de agosto de 2009

Prueba de amor

¡CÓMPREME LAS PALTAS Y BUSQUE EL CUESCO PREMIADO,OIGA!A todos quienes conozco les extrañó saber ¡TENGO EL BANANO GRANDE, CASERITA! A nosotros que la Bernarda y el Tito se separaran luego de años de pololeo, no ¡NO COMPRE GALLINA VIEJA, AMIGO; YO LE VENDO SÓLO CARNE TIERNA! Es que muchas parejas no resisten la prueba de la primera visita a la feria ¡NO ELIJA PIÑA SIN PULPA, REINA! Perdona, ¿dijo "vida"?No, mujer, piña. Piña ¡PURO JUGO, MIS NARANJAS! Ah.